domingo, 16 de agosto de 2009
sábado, 20 de junio de 2009
Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de tí

Primero hace una promesa. Después, no acaba de desdecirse, pero deja claro que las cosas no son tan fáciles. Si tienes suerte, esbozará una sonrisa comprensiva para dar una solución amable. De nuevo, tiene truco, pero ella ya está haciendo lo posible. ¿Quién podría culparla? ¿Quién podría gritarle a la cara que conociendo las respuestas de antemano no juega limpio? Con ella siempre se pierde.
sábado, 14 de marzo de 2009
Don't beg for attention. Just be entertaining

Dios mío, piensa, esos ojos nunca se han detenido un segundo. Abrasan el alma. Me agotan; me siento seca, deslizo por la pared uno de mis rizos, y mantengo firme una voluntad que no me pertenece. Su boca sonríe a destiempo, nadie observa y se permite un gesto que borra en instantes. Un gesto que intenta atraparme. Un gesto que hace tiempo habría hecho girar mis pies en una danza poco grácil pero sincera, y que ahora no recorre el vacío que queda entre nosotras. Ya no es mi dueña, lo sabe, y la furia asoma entre el hielo. Pronto cambia de manos, y dedica su juego a otros espectadores. Son otras vidas, indiferentes, que resplandecen cuando se acarician. Más recuerdos que algún día enterraremos. "No voy a abandonarte", es lo que susurra a los desconocidos. Ilumina el aire a su alrededor, y vuelve a mí una vez más, sabiendo que no me ha perdido, que nunca me tuvo, y que no existe la melancolía. Y mis ojos se reflejan en los suyos. Se vuelven azules.
domingo, 22 de febrero de 2009
I need whatever side of love is there

She says she likes him.
But she's married.
Kind of.
I am not.
She tells me he's very gentle.
But I've seen the other side.
She texts him.
I get jealous, I know.
I just wanted a little attention.
I've only liked him twice. First time he caressed my ear.
domingo, 18 de enero de 2009
Everything is decaying beautifully

Y la grasa que chisporrotea en la noche iluminada que ya no es noche, con el haz de luces que corolan las encías manchadas por el jugo de carne y con el sabor a pólvora salivando las comisuras, y las cuentas de colores resbalando nerviosamente entre dedos ligeros y el poliester desgastándose sobre piel húmeda, el ritmo tembloroso de los hombros y las ráfagas dulzonas del mostrador chorreante, el movimiento suave pero firme de su mano sobre la cintura de ella...
domingo, 21 de diciembre de 2008
Soy Porter, Zara Porter

Zara Porter en otra aburrida reunión. Zara Porter bosteza y juguetea con sus uñas burdeos oscuro, astilladas por el borde. Pasea la mirada por la pared desconchada, y acaba volviendo a sus uñas. Luego raspa la mancha de café en la media con desgana y vuelve los ojos hacia el infinito.
Las vistas no impresionan a Zara Porter. El balcón se abre hacia la autopista, que aparece vacía y extraña. El hombre del traje oscuro arquea las cejas frente a ella, y finalmente sonríe. Cree ser el objeto de atención de ella. Más tarde, nadie tratará de enderezar el malentendido. La compañía suele ganar nuevos clientes casi siempre gracias a su talento.
domingo, 7 de septiembre de 2008
Things go on as they always have, getting weirder all the time

Avanzo hacia el fondo, donde las cajas. Creo que están a punto de cerrar, aunque mantengo mi paso. La poca gente de alrededor se mueve inquieta, pero tampoco parece preocuparles el tiempo. Me veo a mí misma, mientras recorro los pasillos y finjo interés por las estanterías. He llegado a la zona de los verdes. Si son apetitosos o no, es algo que no cuestiono. Curiosamente, oigo ruidos debajo del mueble más próximo. Algo desagradable asoma. Parece una rata gigante, king-size. A nadie le preocupa. Antes de que pueda tomar una decisión, algo desvía mi atención: una familia de leprosos (en realidad, solo tienen aspecto de estar macerando en zumo de ortigas), padre e hijos idénticos, desfilan frente a mí tras su carro de la compra. Todos iguales, pero solo uno de ellos capta mi interés. Sin embargo, doy la vuelta y continúo. Ni ratas ni leprosos ocupan ya mis pensamientos.
miércoles, 3 de septiembre de 2008
Soy Porter, Zara Porter

Guardo una maleta en el armario. Quiero decir, una maleta distinta a la que utilizo para mis viajes de placer. La clase de maleta que no me gustaría tener que usar, aunque me tranquiliza su presencia opaca en el estante del armario. No es especialmente agradable a la vista, pero es de tonos neutros y prácticos. Una vez comprobé su peso en la báscula; creo que marcaba los tres kilos, incluyendo el contenido. La extravagancia se me ocurrió leyendo una novela negra infumable, pero útil al respecto. La decisión la tomé cuando me trasladé, hará unos diez meses. También compré un candado, cuando empecé a recibir preguntas indiscretas de mi compañero. De todas maneras, respondí con una honestidad inusual. Creo que abandonó el apartamento días después, pero la confusión nubla ahora mis recuerdos.
viernes, 23 de mayo de 2008
Soy Porter, Zara Porter

Observó las sillas blancas de plástico. La suciedad las arrinconaba aún más en aquel cuarto mal ventilado. Aún quedaban meses para el verano, y para entonces era posible que ya no las necesitara. Pensó en deshacerse de ellas, y en el trayecto hasta el contenedor, y hasta las manos del encargado aquel del mono ceñido, y hasta la planta de reciclaje. Pensó tanto que empezó a marearse, y entonces se sentó suavemente en una de las sillas. Se le ocurrió acariciarla, como si tuviera que agradecerle buenos momentos, pero dejó de apetecerle en cuanto observó la capa de polvo. Estuvo unos momentos en silencio, y después se levantó, suspiró y volvió a sentarse. Se le había ocurrido que aquel lugar se había convertido en el más seguro para ella. Decidió no deshacerse de todas. Guardaría un par, o quizá solo una, y las sacaría en verano. Un trapo húmedo bastaría.
Su mirada captó el reflejo de una tela de plástico, y se alegró de poder utilizarla para cubrir las sillas. Ahora ya tenía un problema menos del que preocuparse. Entreabrió los labios y fue capaz de formar una débil sonrisa.
domingo, 6 de abril de 2008
martes, 8 de enero de 2008
Requiescat In Pace

Corría el año 77 cuando los Hewlett decidieron celebrar por todo lo alto sus 25 años de casados. Invitaron a su hija menor, la soltera, a pasar con ellos dos de los diez días que iban a tomarse de vacaciones. Y esta foto fue tomada en la piscina del precioso hotel en que se alojaban, el Mirage Grand Hotel. Tres días después, la señora Hewlett descubría a su marido en actitud comprometida con una empleada del hotel. En ese mismo momento, su hija Dorothy (la primera por la derecha en la fotografía) renunciaba a seguir con una existencia vacía e inútil, poniendo fin a su vida con una gran calibre que había pertenecido a su abuelo. De esos días felices, solo quedan instantes como este.
Hoy decimos adiós a uno en la familia: Kitsch me, Baby pasa a mejor vida. Y mientras, aquí se cumplen 2 años. Nada somos.
jueves, 6 de diciembre de 2007
Soy Porter, Zara Porter

Quedé absolutamente destrozado por la noticia que acababa de recibir por teléfono. Había vuelto a intentarlo. Nunca antes me pareció que lo deseara realmente. Y sin embargo, estas dos últimas veces estuvo cerca. También su asistenta, y eso fue lo que la salvó -'para mi desgracia', añadiría después. Por supuesto, la despidió. Y decidió mudarse a un hotel durante un tiempo. (...)
Y mientras, continuó con su dosis de Prozac diaria, ya que nadie lo impedía. Porter ya no interesaba a nadie, ni siquiera a sí misma. Se hundía en su propia miseria. Y empezó a aficionarse a los combates de boxeo. Decía estar interesada en 'el hundimiento del alma inconsciente de sí misma'. Los cuerpos caídos en la lona sucia del cuadrilátero le recordaban al suyo propio. De hecho, acabó liada con un manager de poca monta, que era quien le acompañaba a los encuentros y le explicaba los detalles del negocio. Aquellas ojeras oscuras tardarían tiempo en abandonarla. Igual que aquel tipo mal vestido.
miércoles, 10 de octubre de 2007
Soy Porter, Zara Porter (IV)
A la gente solo le interesa tu presente, excepto si tu pasado es lo suficientemente escabroso.-Como en tu caso.
-Exacto.
-¿Y qué realmente...?
-No es este el momento, pero gracias por preguntar.
-Insistiré en ello más tarde, pero ahora me conformaré con los pormenores de tu éxito. Cuéntanos en detalle, si es preciso, qué produjo la "explosión".
-Obviamente, trabajar duro nunca fue la clave. Tampoco hubo ningún golpe de suerte. Sencillamente, era algo que estaba escrito.
-¿En las estrellas, quizás?
-Era algo que debía sucederme a mí, precisamente por ser yo quien era. Lo fundamental es que... la historia me debía una compensación. Así es como yo lo veo.
sábado, 1 de septiembre de 2007
Passing through
Mientras recorrían los kilómetros que les separaban de su destino, pudo observar ciertos cambios en su compañera involuntaria de viaje. Abandonó su libro antes de lo previsto para atender una llamada telefónica. Y por primera vez se mostró relajada, ajena a viajeros que suben y bajan, a pasajeros de mirada impertinente y a él mismo. Por su sonrisa y su mirada encendida, quien llamaba era probablemente su novio, pensó con amargura. Aquel sentimiento de rencor no era debido a los celos, o eso se decía a sí mismo, sino a una sensación de injusticia. Injusticia porque él nunca había poseído nada parecido. Una ilusión, una pasión o lo que fuera. A mí me han robado mi sueño, reflexionaba contrariado. Pero esa era ya una reflexión antigua, que llevaba haciendo desde que abandonara la casa de sus padres, años atrás. El tiempo había pasado, y sus sombras seguían siendo las mismas. Con un nuevo suspiro, volvió a contemplar el paisaje, desolador y familiar a un tiempo. Fue entonces cuando llegaron a la parada de la chica, quien, con su vieja parsimonia, sorprendió esta vez por la decisión de sus movimientos. Y entonces lo vió. Esta vez ella no regresaba sola; alguien esperaba en el andén, con sonrisa impaciente. Quizá fue esa la gota que colmaba el vaso; o tal vez había llegado a su límite hacía tiempo. De cualquier modo, se acomodó en su asiento y dejó que sus ojos se cerraran durante el resto del trayecto.
Al fin, llegó a su estación. Reconoció el andén y el edificio reluciente, y avanzó hacia las escaleras. Segundos después abandonó el lugar a buen paso. Nuevamente, evitó meditar sobre el asunto, aunque sabía que esperaban una respuesta por su parte, a más tardar, la mañana siguiente. En el obispado no recibirían bien su decisión, aunque no pensaba rectificar ahora. Colgaba los hábitos, sin remedio. Y nadie podría decir que se precipitaba; sabían, como él, que nunca había albergado una vocación absoluta. Más bien había sido su forma de escapar del mundo. Como tantas otras.
sábado, 18 de agosto de 2007
Soy Porter, Zara Porter (III)
'Carajo', pensó sin poder evitarlo, 'juraría que el Tarot pronosticó que sería un buen año'. Cualquiera que conociera a Zara P., sabría que ella nunca confiaba en el azar -y por ello, prefería estar preparada para imprevistos. De modo que, inevitablemente, arrugaba su precioso ceño cuando el destino se empeñaba en contradecirla -a ella o a su carísimo tarotista. Esta vez, el problema era el viaje a Connecticut. No todo iba tan bien como debiera: era la tercera vez consecutiva que debía anular su vuelo desde Las Vegas solo porque Paul seguía sin responder a sus llamadas. Así que, en su ingenuidad, Z. Porter reservaba billete con escala en Atlanta, para, invariablemente, anularlo horas antes del despegue. Pero tres llamadas sin respuesta era algo excesivo incluso para las excentricidades a las que acostumbraba su acompañante ocasional. Se obligó, pues, a tomar medidas drásticas, aún sabiendo cuántos martinis le iba a costar esa actitud orgullosa: tachó, con pulcritud, el teléfono de su agenda de mano, y a continuación, eliminó el número de la memoria de su Siemens. Y se dispuso a alquilar un sedán en el local más cercano. No habría vuelo, pero pensaba acercarse en coche si hacía falta y escenificar la perfecta despechada. Suponía que a la mujer con quien Paul convivía no le resultaría agradable. Por si acaso, empezó a prepararse el primer martini de los que muchos que seguirían.C´est toi que je veux.
lunes, 16 de julio de 2007
Any day now in Pitis
viernes, 15 de junio de 2007
Soy Porter, Zara Porter (II)
domingo, 3 de junio de 2007
This is hardcore
Escenario: la destartalada pero amplia cafetería de mi facultad.
La cuestión: JC describe entusiasmado su proyecto para los próximos 5 años; estudiar el primer curso de varias carreras, de forma discontinua y prácticamente aleatoria. Empezó hará un par de años "estudiando" medicina, pero lo dejó porque no se encontraba motivado. Ahora expresa vehemente la necesidad para él de "retomar la tarea y avanzar hacia el absurdo, como siempre he deseado". Según él, estará realizando una especie de happening experiencial durante ese tiempo, mostrando al mundo el perverso orden que prima en las universidades españolas. "Una formación de 5 cursos tan variopintos y dispares que formarán una terrible amalgama y no servirán absolutamente para nada." Así concluyó nuestro encuentro.
(En realidad, sus últimas y desafortunadas palabras refirieron a la cuenta y a su imposibilidad de pagarla con la tarjeta. Por cierto, curioso, y entrañable al tiempo, acento español de Jarvis. Entremezclando frases en su idioma natal sin terminar, la charla resultó inverosímil por momentos.)
domingo, 27 de mayo de 2007
Soy Porter, Zara Porter (I)
Mirando por encima del hombro a otro de los entusiastas comensales, una chispa malévola asomó a su mirada. Z. Porter había abusado de los cócteles, abuso que pagaría a continuación alguno de los incautos que le acompañaban. Implacable y ácida a un tiempo, desató su lengua para escupir un improperio envuelto en elegantes ropajes de fino sarcasmo y falsa inocencia. Y Dios sabe que el infierno no está empedrado de buenas intenciones, sino de enemigos declarados de Zara P.-Ha sido tan estimulante como devorar un cadáver... un cadáver poco hecho, ya me entendéis.
Bastó una gélida mirada del maître para saber, Porter y acompañantes, que jamás volverían a pisar aquel antro de pretendida nouvelle cuisine.
sábado, 12 de mayo de 2007
Tras varios tequilas
Luces borrosas a mi alrededor. Y sin embargo me da igual. Suena Bowie de fondo pero tú no lo sabes. Repito, no me importa. Aunque todo lo de alrededor sobra. Los tres borrachos del fondo, tus amigos, el camarero borde, los cutre-decorados... Mientras espero a la inspiración, echo un trago más al espantoso combinado que algún manazas ha preparado, y desde ahí ya me lanzo. O mejor espero. Respiro hondo, tanto como puedo, y trago de nuevo. Esta vez he llegado para quedarme, pienso estúpidamente. No estoy acostumbrada a beber, se me ocurre como excusa. Así que avanzo, sin casi tambalearme, y nadie lo nota. Estoy tan borracha que te voy a invitar a una copa, grito en tu oído. Por tu mirada, deduzco que solo has entendido la segunda parte. Así que con paciencia infinita y los ojos secos, te lo repito. Esta vez, menos mal, sonríes y asientes. Nunca has sido muy hablador, así que la noche va a ser larga. Y eso es lo que quiero.
