sábado, 23 de septiembre de 2006

La ambrosía divina

cama(Pequeño consejo: escuchar el audio de este mismo artículo mientras se lee)
Unas grandes letras doradas ciegan al visitante que acude a primera hora de la mañana. Puede leerse, una vez acostumbrados los ojos a los brillantes destellos, la palabra stella en mayúsculas. Es un edificio un tanto antiguo, situado en el centro de la urbe y cercano a un mar de cristal, como le gusta decir a su directora. Sus muros blancos ya no son lo que eran, y el pequeño bosque que antes lo rodeaba hace tiempo que se convirtió en un escaso jardín. Sin embargo, sigue teniendo tantos pacientes como antaño, aunque la directora prefiere llamarlos "clientes".

Lo que desde afuera resulta descuidado y poco atractivo, deslumbra en el interior por la profusión de luces, mármoles y cristalerías. Entrar en la clínica STELLA es dejar atrás los problemas, el ruido, las adicciones mundanas y la presión del día a día. Así, cada detalle está encaminado a "armonizar las almas de los clientes", como repite a menudo la mujer que gobierna todo esto. Esta institución cuenta con el privilegio de ser el secreto mejor guardado de muchas personas de prestigio, además de ser la favorita de aquellas pertenecientes a la esfera rosa del país. Todo ello da lugar a una lista de espera de hasta 14 meses, y a unas tarifas exorbitadas para los bolsillos poco cosmopolitas. Mientras el resto de los mortales sigue con su vida, aquí los relojes parecen detenerse bajo la experta mirada de su responsable, de modo que la piel rejuvenece, los órganos parecen regenerarse y el corazón descansa apacible. En solo 18 días de tratamiento, milagros evidentes se han presenciado dentro de estos muros. En gran parte, gracias a la supervisión de la propia Stella, el auténtico alma de la clínica.





jueves, 21 de septiembre de 2006

Polvo de estrellas

muñeca(Pequeño consejo: escuchar el audio de este mismo artículo mientras se lee)
Aquel niño menudo y rubio observaba atentamente la desgastada pared, como si la viera por vez primera. Parecía llevar sobre su espalda curvada todo el peso del mundo; su ceñudo gesto de preocupación atraía algunas miradas curiosas de los que pasaban rápidamente a su lado.

(Los pequeños fantasmas que solían atormentarle tiempo atrás regresaban con renovadas fuerzas. El violento nerviosismo que solía atenazarle sacudía ahora todas sus entrañas: el día marcado a sangre y fuego en su cerebro había llegado.) Consciente del momento, se concentró en evitar el peligro de llamar la atención. Inspirando profundamente, sin lograr deshacerse de la molesta opresión en el pecho...

(El tiempo se detuvo). Algunos pudieron mirarle a los ojos segundos antes, él desvió su mirada... apretó el puño... todo carecía ya de importancia... alea jacta est.

(Su primera vez. Y no tenía que ser la última. Tantas veces como el destino, Dios, o el azar lo permitieran, seguiría afirmando su identidad, salvando a su pueblo, aplastando al enemigo y jugando a la lotería con las vidas de extraños.) Aquel día, al salir corriendo de la estación como quien lleva al diablo dentro, solo tenía una imagen en la mente: los 16 viejos muñecos de trapo de su hermana, casi despedazados por el paso del tiempo.



lunes, 18 de septiembre de 2006

Leit motiv

japónUna parte del problema (...) es la prisa que tiene todo el mundo. Las personas no han encontrado sentido en sus vidas, por eso corren constantemente buscándolo. Piensan en el próximo coche, en la próxima casa, en el próximo trabajo. Y después descubren que esas cosas también están vacías, y siguen corriendo.

MITCH ALBOM: Martes con mi viejo profesor