miércoles, 16 de agosto de 2006

Arrivederci

Por causas ajenas a mi voluntad (en realidad, por causas ajenas a mí totalmente), el blog permanecerá en "modo de bajo mantenimiento" durante las próximas semanas; es decir, comprobaré de tanto en tanto los nuevos comentarios (si los hubiera) y seguiré añadiendo enlaces interesantes, pero me abstendré de actualizar los contenidos, con lo que no habrá nuevas entradas.

Disculpen las molestias.



domingo, 13 de agosto de 2006

Qué vida más perra

ukeleleTarde agobiante. Como pasada por agua, pero esta vez por luz y calor. Mucho calor. Incluso para ser agosto, Madrid. La ropa, húmeda. La piel, pegajosa. El ventilador, funcionando a destajo. Los papeles que se amontonan. Más calor, que chorrea por la frente, el cuello, y, finalmente, la espalda. Imposible contar los minutos que quedan. El cerebro se vuelve perezoso, bosteza, y se niega a colaborar. Incluso amenaza con presentar la dimisión. Por unas vacaciones justas, puede leerse en su frente.

Las blinds están cerradas desde primera hora de la mañana. Como si no. Las ondas caloríficas (infrarrojos) no entienden de modas. "Si no puedo entrar por la ventana, lo haré a través de la pared". Ahora hay un bonito tono anaranjado en los agujerillos de esas cortinas de mentira. La vista tiene que ser preciosa, aunque nadie se atreve a comprobarlo. Trabajar en verano es malo para la imaginación, después de todo.



lunes, 7 de agosto de 2006

El tiempo de las piedras

alcantarillaLa rata olisqueó con atención el espacio vacío en torno a ella: podía detectar con toda claridad cierto olor nauseabundo. Adivinando lo que era, meneó la cabeza para desechar ese pensamiento, aunque el olor persistió en su hocico durante algunos segundos más. El brillo en sus ojillos taimados daba a entender que tenía una tarea mucho más importante que realizar en esos momentos. Por tanto, no se demoró más en la cuestión, y empezó a agitar sus patas furiosamente, con escaso resultado, a su pesar: la situación se presentaba más compleja de lo que había previsto en un principio. Se necesitaba mucha más paciencia y concentración de la que normalmente se podía encontrar en una rata -y más en una rata como aquella, no muy avispada. Comenzó a plantearse la posibilidad de obtener ayuda -aunque siempre se había bastado ella sola-, y miró a su alrededor esperanzada. Tras unos momentos de indecisión, resolvió seguir en solitario, poniendo esta vez mucho más cuidado y atención. Comenzó por deslizar suavemente sus extremidades superiores en dirección a sus bigotes parduscos; a continuación, efectuó mentalmente la operación, imaginando la delicadeza que debía emplear. Hecho esto, agarró con firmeza el pedazo de metal que asía entre sus patas y tiró de los bigotes. Un intenso dolor apareció en esa zona; sin embargo, eso no iba a detenerla, y se dispuso a tirar de nuevo, esta vez, más consciente de la reacción de su cuerpo. Repitió la acción unas cuantas veces más hasta que quedó satisfecha. Entonces, una voz resonó a pocos metros; una barriga asomó por la puerta, y una cara rechoncha la miró con interés:

-Cariño, es hora de irse. Deja ya de emperifollarte, y abre de una vez ese ventanuco para que esto se ventile... por Dios, juraría que hace siglos que no limpian en este cuartucho.

-Ya voy, amor. Me repaso los labios y nos vamos. Deberías hablar con el encargado para que adecente esto. Por lo pronto, yo no pienso volver a pisar este motel de mierda hasta que me asegure de que lo han limpiado.

-Eso mismo he dicho yo... venga coño, que adonde vamos no van a fijarse si llevas maquillaje encima. Te espero en el coche.

-Ya salgo.



Vídeo: Suede, "The Beautiful Ones".