sábado, 25 de noviembre de 2006

La pimienta de la vida

niñosParecía instruir a su "ingenua" esposa durante aquellas interminables tardes de verano que pasaban sentados en la terraza -sin mucho que hacer-, discutiendo sobre lo humano y lo divino. A ella se le hacía insoportable, y a veces, solo a veces, giraba la cara, contrayendo el rostro en una expresión asqueada. Haciendo honor a la verdad, no soportaba a su segundo marido, le repugnaban sus maneras relamidas, y eso que se conocían ya desde niños.
Pero las cosas cambian, la gente también, y los sentimientos se desvanecen. Así el paso del tiempo había dado lugar a un mutuo hastío, el aburrimiento había agotado la imaginación y los corazones se habían marchitado.

A ella le pareció por aquel entonces que solo quedaba una opción: era necesario tomar medidas urgentes para alegrarse la vida, o lo que quedaba de ella, y librarse de su marido por una temporada. Así que decidió fingir una infidelidad. Nunca la había cometido, por lo menos hasta donde su memoria llegaba, y eso era precisamente lo excitante. Estaba deseando ver la cara de su esposo.

3 comentarios:

Cecilia dijo...

me gustó la historia, nunca se me hubiese ocurrido semajante invento para salir del hastío. Cuanta imaginación!
besos y buen fin de semana

Mauricio dijo...

Espero que sigas con la história!

avisame cuando actualizes.

Un beso.

An dijo...

Si...yo tambien lo espero...me e quedado en vilo:)