Mi reciente experiencia con el html de la plantilla de EPYF me sirve como excusa para escribir este post.El caso es que deseaba cambiar las dimensiones de mi blog. Hacerlo más ancho, para que así ocupara más espacio en la ventana y conseguir una lectura más cómoda. Con ese objetivo en mente, consulté las fuentes habituales: Google, Ayuda de Blogger, Webs de CSS, Foros e incluso otros blogs (donde se me atendió amablemente, hay que decir).
Digamos que invertí un tiempo de búsqueda de 2h. Previamente, claro, intenté modificar por mí misma la plantilla, con resultados francamente desastrosos. Tener implementada la plantilla clásica de Blogger no es que ayudara demasiado. Llegué a pensar en ponerme en contacto con Dave Shea, el creador de este diseño, hasta que el faq de su blog me advirtió de que perdía el tiempo. Eso fue el domingo 18.
El lunes 19, volví a la carga, y con mi lema "ayúdate a tí mismo etc.", empecé a meter mano, esta vez con más osadía, en el html. Lo fundamental fue modificar el ancho de la sidebar y quitar el fondo gris de main (que daba problemas porque no variaba su anchura mientras que el texto sí lo hacía; después pude volver a poner ese background). Y desde ahí vino todo rodado.
La clave radicaba en:
- Pasar de 700px a 900px en content.
- Hacer más ancho main, de 404 a 504px.
- Cambiar el margen de la sidebar a 628px, parámetro que en mi plantilla aparece en el apartado IE5 hack, extrañamente.
- Subir una cabecera más larga.
- Ajustar paddings aquí y allá.
la negativa (potencial) del señor Shea a prestar ayuda, que entiendo, respeto y casi comparto, me dolió pero fue el verdadero detonante de mi cruzada por la autonomía.
el quid de la cuestión estuvo siempre en la sidebar, aunque me llevó tiempo verlo de esta forma.
No siempre se tiene la oportunidad de presenciar algo como esto. Cuando una cosa así ocurre, da la impresión de que el aire se paraliza por unos instantes. O de que la Tierra deja de moverse por unos segundos para asomarse curiosa. Igual que el resto de nosotros. Todo un andén de Cercanías bien tumultuoso se gira para ajustar su percepción del acontecimiento. Y es entonces cuando comienza el espéctaculo.
Maneja con sumo cuidado su maletín de cuero, compañero ya de muchas fatigas. Dirige una mirada estudiada, entre cínica y compasiva, a sus más de 50 estudiantes. Abrillanta con esmero la correa de su Rolex. Y limpia con delicadeza los espejos de sus gafas.